El Museo como agente comunitario. Un foro de comunidades
¿Qué es comunidad?
Se podría tomar esta idea de comunidad desde miles de ámbitos; como siempre que se utilizan las palabras, las posibilidades son tan numerosas como los matices de sus significados. Es interesante la reflexión, por abierta y llena de nuevas puertas, de que lo común implica la existencia de más de un elemento, o también, algo que es abundante (otra acepción de común).Esto implica en sí mismo lo diverso, por esa realidad de numeroso para que sea común, y también, por todo lo que no sea común y que pertenezca a esos elementos.
Si se habla del ser humano, se habla de un animal social y gregario y surge de manera inmediata el término comunidad o comunitario como una entidad fuera de cada sujeto, pero que es pertenencia y responsabilidad de cuantos componen esa especie de uno múltiple, donde el elemento de unión es lo igual pero lo que lo hace interesante y vivo es lo diferente.
Aparecen ideas como la de comunidad de vecinos, comunidad como población, comunidad de bienes o ámbitos comunitarios. En un modo más tradicional la comunidad se entendería como la tribu o el poblado. La necesidad de lo diverso es obvia en lo comunitario. En las comunidades tradicionales cada uno tiene su papel y todos son necesarios.
En un museo, los elementos comunes son el edificio y las obras de arte, y sería extraño cuando menos, un museo donde hubiera muchos cuadros que fueran siempre el mismo. La diversidad en la comunidad y en lo común es un bien no sólo deseable sino necesario.
¿Cómo son las comunidades?
Al imaginar el concepto de comunidad, nunca debería ser algo estático. La propia diversidad que implica su existencia hace que haya tensiones que la convierten en algo dinámico y englobado siempre en otras comunidades y campos de relación. Así una comunidad de vecinos pertenece a un barrio, que pertenece a una ciudad, que está dentro de una comunidad autónoma.
Esto lleva a entender que hay todo tipo de comunidades. Comunidades naturales, sociales, políticas, históricas, económicas, profesionales etc. Que uno, no sólo pertenece a una comunidad, sino a toda una red de significados (que crean las conexiones intercomunitarias ) que conforman la imagen personal.
¿Qué importancia tienen las comunidades?
La comunidad acaba siendo parte de la propia imagen, como una especie de pequeña fotografía que compone el puzzle de cuanto soy. Si la relación con las comunidades, si la relación de la propia diversidad con lo común, de la soledad con lo múltiple, de la individualidad con lo diverso se ve afectada, al romperse esa red la imagen personal se fragmenta en una suerte de miles de otras imágenes inconexas que me convierten en un individuo aislado.
Por otro lado las comunidades o lo comunitario empobrecen parte de la diversidad que las compone quedando claramente mermadas. En una palabra, pierden. Ahora bien, si hablamos de comunidades, y más en una sociedad tan compleja como es la contemporánea en la que parte de esas comunidades son supra comunitarias, con el peligro que esto engloba de despersonalizar y desindividualizar para reagrupar por lo común obviando lo diverso, llegamos a la conclusión en ámbitos como el de la diversidad funcional, salud mental o exclusión social, de que es fácil, si no hay un sistema de vuelta y de re-conexión con la red de comunidades, quedar aislado en esos espacios generados para la rehabilitación y por tanto la dificultad de recuperación de la propia imagen relacional se entorpece enormemente.
¿Cómo evitar el aislamiento?
Quizá sea una responsabilidad compartida de los agentes comunitarios como la red socio sanitaria y sus profesionales, de los foros comunitarios naturales o comunidades de encuentro de otras comunidades como pueden ser los museos, la comunidad educativa (con una amplia responsabilidad en la formación social) o las empresas ir generando espacios que ayuden a regenerar ese tejido y reintegrar esa visión del sujeto múltiple y diverso que reconstruya la imagen perdida a la persona.
¿Qué importancia tiene el nombre?
Si el pensamiento se construye con ideas, que etimológicamente vienen de la forma griega de eidon (primera persona del presente del verbo ver), es fácil entender que nuestro pensamiento se construye con imágenes que devienen y derivan de palabras. Una vez se ha generado una idea, la misma nos vale para prejuzgar la realidad. Nos sirve para dejar de estar alerta y evidentemente, para ahorrar la realización de un proceso continuo y constante de constatación de dicha realidad.
Esto es bueno en muchos casos, sobre todo cuando facilita la vida. Pero se convierte en algo mucho más complejo cuando afecta a otros fuera de uno. Pues me ayuda a desproveerles de su diversidad permitiéndome encasillarlos por lo común. Si la fuerza del lenguaje ayuda a generar nuestras imágenes y si encima los nombres de esas casillas refuerzan ese sentido de exclusión y diferencia sin lo común, se genera una especie de calle cortada en la que se hace complejo dar marcha atrás una vez se entra.
¿Por qué los museos como comunidad?
Quizá el museo sea una de los lugares más interesantes, no por sus bienes muebles e inmuebles que lo dotan de existencia, sino por todo el mundo de conceptos y realidades que se mueven en torno a él y en él. En ese aspecto, uno de sus valores principales es el de estar dotado de un aura de prestigio, vinculado al propio concepto de cultura, a la idea de arte considerado tesoro público de responsabilidad común.
Eso lo convierte en un foro natural por el que pasan un gran número de comunidades o públicos, un lugar que posee la doble concepción de ocio y aprendizaje y que en las últimas décadas se ha convertido en un recurso educativo de primer orden para la escuela, la universidad y las familias.
Es evidente su función como lugar de encuentro y como lugar de contemplación de artefactos visuales. Por tanto, generadores y custodios de formas de ver y de pensar. Un museo, como el Thyssen, con una amplia colección dedicada a las vanguardias se convierte además en un lugar que plasma la lucha por la conciencia de la mirada múltiple, del pensamiento diverso de la construcción de ideas. Si entendemos que lo que contemplamos nos pertenece, que somos un espejo que reconstruye un significado desde sus propias ideas, que leemos las imágenes externas desde nuestras propias imágenes internas, se hace fácil sumar todos esos elementos, y entender cómo el museo se puede convertir en un instrumento rehabilitador de primer orden para los profesionales sociosanitarios y los usuarios de esos servicios y recursos.
Rompiendo, con la asistencia al museo y la libertad a la hora de generar la lectura de esas imágenes, un ámbito clínico que en muchos casos no hace sino reforzar continuamente esa idea de calle sin conexión.
¿Cómo reforzar esas posibilidades?
Hay espacios que por su naturaleza de foros de encuentro tienen el poder de dar visibilidad, y, siendo los museos, lugares de visita deseada desde múltiples colectivos, la manera natural de revertir la visión negativa es la de convertir a quienes tradicionalmente han sido considerado receptores y demandantes de las acciones y servicios comunitarios, en generadores de esos servicios para el resto de la comunidad. Si eso va vinculado a un lugar con el aura de prestigio del museo, se comprende el carácter bidireccional de este como constructor de conceptos e ideas que contrapesan la visión excluyente.
Así, las comunidades implicadas pueden entender que la educación no es sólo escolar, sino que también es social, y que la comunidad tiene un papel de prioritario en la recuperación de su red y de su propia imagen identitaria, que es, al fin y al cabo, una de las funciones capitales del museo.
¿Qué es comunidad?
Se podría tomar esta idea de comunidad desde miles de ámbitos; como siempre que se utilizan las palabras, las posibilidades son tan numerosas como los matices de sus significados. Es interesante la reflexión, por abierta y llena de nuevas puertas, de que lo común implica la existencia de más de un elemento, o también, algo que es abundante (otra acepción de común).Esto implica en sí mismo lo diverso, por esa realidad de numeroso para que sea común, y también, por todo lo que no sea común y que pertenezca a esos elementos.
Si se habla del ser humano, se habla de un animal social y gregario y surge de manera inmediata el término comunidad o comunitario como una entidad fuera de cada sujeto, pero que es pertenencia y responsabilidad de cuantos componen esa especie de uno múltiple, donde el elemento de unión es lo igual pero lo que lo hace interesante y vivo es lo diferente.
Aparecen ideas como la de comunidad de vecinos, comunidad como población, comunidad de bienes o ámbitos comunitarios. En un modo más tradicional la comunidad se entendería como la tribu o el poblado.
La necesidad de lo diverso es obvia en lo comunitario. En las comunidades tradicionales cada uno tiene su papel y todos son necesarios.
En un museo, los elementos comunes son el edificio y las obras de arte, y sería extraño cuando menos, un museo donde hubiera muchos cuadros que fueran siempre el mismo. La diversidad en la comunidad y en lo común es un bien no sólo deseable sino necesario.
¿Cómo son las comunidades?
Al imaginar el concepto de comunidad, nunca debería ser algo estático. La propia diversidad que implica su existencia hace que haya tensiones que la convierten en algo dinámico y englobado siempre en otras comunidades y campos de relación. Así una comunidad de vecinos pertenece a un barrio, que pertenece a una ciudad, que está dentro de una comunidad autónoma.
Esto lleva a entender que hay todo tipo de comunidades. Comunidades naturales, sociales, políticas, históricas, económicas, profesionales etc. Que uno, no sólo pertenece a una comunidad, sino a toda una red de significados (que crean las conexiones intercomunitarias ) que conforman la imagen personal.
¿Qué importancia tienen las comunidades?
La comunidad acaba siendo parte de la propia imagen, como una especie de pequeña fotografía que compone el puzzle de cuanto soy. Si la relación con las comunidades, si la relación de la propia diversidad con lo común, de la soledad con lo múltiple, de la individualidad con lo diverso se ve afectada, al romperse esa red la imagen personal se fragmenta en una suerte de miles de otras imágenes inconexas que me convierten en un individuo aislado.
Por otro lado las comunidades o lo comunitario empobrecen parte de la diversidad que las compone quedando claramente mermadas. En una palabra, pierden.
Ahora bien, si hablamos de comunidades, y más en una sociedad tan compleja como es la contemporánea en la que parte de esas comunidades son supra comunitarias, con el peligro que esto engloba de despersonalizar y desindividualizar para reagrupar por lo común obviando lo diverso, llegamos a la conclusión en ámbitos como el de la diversidad funcional, salud mental o exclusión social, de que es fácil, si no hay un sistema de vuelta y de re-conexión con la red de comunidades, quedar aislado en esos espacios generados para la rehabilitación y por tanto la dificultad de recuperación de la propia imagen relacional se entorpece enormemente.
¿Cómo evitar el aislamiento?
Quizá sea una responsabilidad compartida de los agentes comunitarios como la red socio sanitaria y sus profesionales, de los foros comunitarios naturales o comunidades de encuentro de otras comunidades como pueden ser los museos, la comunidad educativa (con una amplia responsabilidad en la formación social) o las empresas ir generando espacios que ayuden a regenerar ese tejido y reintegrar esa visión del sujeto múltiple y diverso que reconstruya la imagen perdida a la persona.
¿Qué importancia tiene el nombre?
Si el pensamiento se construye con ideas, que etimológicamente vienen de la forma griega de eidon (primera persona del presente del verbo ver), es fácil entender que nuestro pensamiento se construye con imágenes que devienen y derivan de palabras. Una vez se ha generado una idea, la misma nos vale para prejuzgar la realidad. Nos sirve para dejar de estar alerta y evidentemente, para ahorrar la realización de un proceso continuo y constante de constatación de dicha realidad.
Esto es bueno en muchos casos, sobre todo cuando facilita la vida. Pero se convierte en algo mucho más complejo cuando afecta a otros fuera de uno. Pues me ayuda a desproveerles de su diversidad permitiéndome encasillarlos por lo común. Si la fuerza del lenguaje ayuda a generar nuestras imágenes y si encima los nombres de esas casillas refuerzan ese sentido de exclusión y diferencia sin lo común, se genera una especie de calle cortada en la que se hace complejo dar marcha atrás una vez se entra.
¿Por qué los museos como comunidad?
Quizá el museo sea una de los lugares más interesantes, no por sus bienes muebles e inmuebles que lo dotan de existencia, sino por todo el mundo de conceptos y realidades que se mueven en torno a él y en él.
En ese aspecto, uno de sus valores principales es el de estar dotado de un aura de prestigio, vinculado al propio concepto de cultura, a la idea de arte considerado tesoro público de responsabilidad común.
Eso lo convierte en un foro natural por el que pasan un gran número de comunidades o públicos, un lugar que posee la doble concepción de ocio y aprendizaje y que en las últimas décadas se ha convertido en un recurso educativo de primer orden para la escuela, la universidad y las familias.
Es evidente su función como lugar de encuentro y como lugar de contemplación de artefactos visuales. Por tanto, generadores y custodios de formas de ver y de pensar.
Un museo, como el Thyssen, con una amplia colección dedicada a las vanguardias se convierte además en un lugar que plasma la lucha por la conciencia de la mirada múltiple, del pensamiento diverso de la construcción de ideas.
Si entendemos que lo que contemplamos nos pertenece, que somos un espejo que reconstruye un significado desde sus propias ideas, que leemos las imágenes externas desde nuestras propias imágenes internas, se hace fácil sumar todos esos elementos, y entender cómo el museo se puede convertir en un instrumento rehabilitador de primer orden para los profesionales sociosanitarios y los usuarios de esos servicios y recursos.
Rompiendo, con la asistencia al museo y la libertad a la hora de generar la lectura de esas imágenes, un ámbito clínico que en muchos casos no hace sino reforzar continuamente esa idea de calle sin conexión.
¿Cómo reforzar esas posibilidades?
Hay espacios que por su naturaleza de foros de encuentro tienen el poder de dar visibilidad, y, siendo los museos, lugares de visita deseada desde múltiples colectivos, la manera natural de revertir la visión negativa es la de convertir a quienes tradicionalmente han sido considerado receptores y demandantes de las acciones y servicios comunitarios, en generadores de esos servicios para el resto de la comunidad. Si eso va vinculado a un lugar con el aura de prestigio del museo, se comprende el carácter bidireccional de este como constructor de conceptos e ideas que contrapesan la visión excluyente.
Así, las comunidades implicadas pueden entender que la educación no es sólo escolar, sino que también es social, y que la comunidad tiene un papel de prioritario en la recuperación de su red y de su propia imagen identitaria, que es, al fin y al cabo, una de las funciones capitales del museo.











