El Museo como agente comunitario. Un foro de comunidades

Por Alberto Gamoneda, May 27, 2011 9:32 am

¿Qué es comunidad?

Se podría tomar esta idea de comunidad desde miles de ámbitos; como siempre que se utilizan las palabras, las posibilidades son tan numerosas como los matices de sus significados. Es interesante la reflexión, por abierta y llena de nuevas puertas, de que lo común implica la existencia de más de un elemento, o también, algo que es abundante (otra acepción de común).Esto implica en sí mismo lo diverso, por esa realidad de numeroso para que sea común, y también, por todo lo que no sea común y que pertenezca a esos elementos.

Si se habla del ser humano, se habla de un animal social y gregario y surge de manera inmediata el término comunidad o comunitario como una entidad fuera de cada sujeto, pero que es pertenencia y responsabilidad de cuantos componen esa especie de uno múltiple, donde el elemento de unión es lo igual pero lo que lo hace interesante y vivo es lo diferente.

Aparecen ideas como la de comunidad de vecinos, comunidad como población, comunidad de bienes o ámbitos comunitarios. En un modo más tradicional la comunidad se entendería como la tribu o el poblado. La necesidad de lo diverso es obvia en lo comunitario. En las comunidades tradicionales cada uno tiene su papel y todos son necesarios.

En un museo, los elementos comunes son el edificio y las obras de arte, y sería extraño cuando menos, un museo donde hubiera muchos cuadros que fueran siempre el mismo. La diversidad en la comunidad y en lo común es un bien no sólo deseable sino necesario.


¿Cómo son las comunidades?

Al imaginar el concepto de comunidad, nunca debería ser algo estático. La propia diversidad que implica su existencia hace que haya tensiones que la convierten en algo dinámico y englobado siempre en otras comunidades y campos de relación. Así una comunidad de vecinos pertenece a un barrio, que pertenece a una ciudad, que está dentro de una comunidad autónoma.

Esto lleva a entender que hay todo tipo de comunidades. Comunidades naturales, sociales, políticas, históricas, económicas, profesionales etc. Que uno, no sólo pertenece a una comunidad, sino a toda una red de significados (que crean las conexiones intercomunitarias ) que conforman la imagen personal.

¿Qué importancia tienen las comunidades?

La comunidad acaba siendo parte de la propia imagen, como una especie de pequeña fotografía que compone el puzzle de cuanto soy. Si la relación con las comunidades, si la relación de la propia diversidad con lo común, de la soledad con lo múltiple, de la individualidad con lo diverso se ve afectada, al romperse esa red la imagen personal se fragmenta en una suerte de miles de otras imágenes inconexas que me convierten en un individuo aislado.

Por otro lado las comunidades o lo comunitario empobrecen parte de la diversidad que las compone quedando claramente mermadas. En una palabra, pierden. Ahora bien, si hablamos de comunidades, y más en una sociedad tan compleja como es la contemporánea en la que parte de esas comunidades son supra comunitarias, con el peligro que esto engloba de despersonalizar y desindividualizar para reagrupar por lo común obviando lo diverso, llegamos a la conclusión en ámbitos como el de la diversidad funcional, salud mental o exclusión social, de que es fácil, si no hay un sistema de vuelta y de re-conexión con la red de comunidades, quedar aislado en esos espacios generados para la rehabilitación y por tanto la dificultad de recuperación de la propia imagen relacional se entorpece enormemente.

¿Cómo evitar el aislamiento?

Quizá sea una responsabilidad compartida de los agentes comunitarios como la red socio sanitaria y sus profesionales, de los foros comunitarios naturales o comunidades de encuentro de otras comunidades como pueden ser los museos, la comunidad educativa (con una amplia responsabilidad en la formación social) o las empresas ir generando espacios que ayuden a regenerar ese tejido y reintegrar esa visión del sujeto múltiple y diverso que reconstruya la imagen perdida a la persona.

¿Qué importancia tiene el nombre?

Si el pensamiento se construye con ideas, que etimológicamente vienen de la forma griega de eidon (primera persona del presente del verbo ver), es fácil entender que nuestro pensamiento se construye con imágenes que devienen y derivan de palabras. Una vez se ha generado una idea, la misma nos vale para prejuzgar la realidad. Nos sirve para dejar de estar alerta y evidentemente, para ahorrar la realización de un proceso continuo y constante de constatación de dicha realidad.
Esto es bueno en muchos casos, sobre todo cuando facilita la vida. Pero se convierte en algo mucho más complejo cuando afecta a otros fuera de uno. Pues me ayuda a desproveerles de su diversidad permitiéndome encasillarlos por lo común. Si la fuerza del lenguaje ayuda a generar nuestras imágenes y si encima los nombres de esas casillas refuerzan ese sentido de exclusión y diferencia sin lo común, se genera una especie de calle cortada en la que se hace complejo dar marcha atrás una vez se entra.

¿Por qué los museos como comunidad?

Quizá el museo sea una de los lugares más interesantes, no por sus bienes muebles e inmuebles que lo dotan de existencia, sino por todo el mundo de conceptos y realidades que se mueven en torno a él y en él. En ese aspecto, uno de sus valores principales es el de estar dotado de un aura de prestigio, vinculado al propio concepto de cultura, a la idea de arte considerado tesoro público de responsabilidad común.
Eso lo convierte en un foro natural por el que pasan un gran número de comunidades o públicos, un lugar que posee la doble concepción de ocio y aprendizaje y que en las últimas décadas se ha convertido en un recurso educativo de primer orden para la escuela, la universidad y las familias.

Es evidente su función como lugar de encuentro y como lugar de contemplación de artefactos visuales. Por tanto, generadores y custodios de formas de ver y de pensar. Un museo, como el Thyssen, con una amplia colección dedicada a las vanguardias se convierte además en un lugar que plasma la lucha por la conciencia de la mirada múltiple, del pensamiento diverso de la construcción de ideas. Si entendemos que lo que contemplamos nos pertenece, que somos un espejo que reconstruye un significado desde sus propias ideas, que leemos las imágenes externas desde nuestras propias imágenes internas, se hace fácil sumar todos esos elementos, y entender cómo el museo se puede convertir en un instrumento rehabilitador de primer orden para los profesionales sociosanitarios y los usuarios de esos servicios y recursos.
Rompiendo, con la asistencia al museo y la libertad a la hora de generar la lectura de esas imágenes, un ámbito clínico que en muchos casos no hace sino reforzar continuamente esa idea de calle sin conexión.


¿Cómo reforzar esas posibilidades?

Hay espacios que por su naturaleza de foros de encuentro tienen el poder de dar visibilidad, y, siendo los museos, lugares de visita deseada desde múltiples colectivos, la manera natural de revertir la visión negativa es la de convertir a quienes tradicionalmente han sido considerado receptores y demandantes de las acciones y servicios comunitarios, en generadores de esos servicios para el resto de la comunidad. Si eso va vinculado a un lugar con el aura de prestigio del museo, se comprende el carácter bidireccional de este como constructor de conceptos e ideas que contrapesan la visión excluyente.
Así, las comunidades implicadas pueden entender que la educación no es sólo escolar, sino que también es social, y que la comunidad tiene un papel de prioritario en la recuperación de su red y de su propia imagen identitaria,  que es, al fin y al cabo, una de las funciones capitales del museo.

¿Qué es comunidad?

Se podría tomar esta idea de comunidad desde miles de ámbitos; como siempre que se utilizan las palabras, las posibilidades son tan numerosas como los matices de sus significados. Es interesante la reflexión, por abierta y llena de nuevas puertas, de que lo común implica la existencia de más de un elemento, o también, algo que es abundante (otra acepción de común).Esto implica en sí mismo lo diverso, por esa realidad de numeroso para que sea común, y también, por todo lo que no sea común y que pertenezca a esos elementos.

Si se habla del ser humano, se habla de un animal social y gregario y surge de manera inmediata el término comunidad o comunitario como una entidad fuera de cada sujeto, pero que es pertenencia y responsabilidad de cuantos componen esa especie de uno múltiple, donde el elemento de unión es lo igual pero lo que lo hace interesante y vivo es lo diferente.

Aparecen ideas como la de comunidad de vecinos, comunidad como población, comunidad de bienes o ámbitos comunitarios. En un modo más tradicional la comunidad se entendería como la tribu o el poblado.

La necesidad de lo diverso es obvia en lo comunitario. En las comunidades tradicionales cada uno tiene su papel y todos son necesarios.

En un museo, los elementos comunes son el edificio y las obras de arte, y sería extraño cuando menos, un museo donde hubiera muchos cuadros que fueran siempre el mismo. La diversidad en la comunidad y en lo común es un bien no sólo deseable sino necesario.

¿Cómo son las comunidades?

Al imaginar el concepto de comunidad, nunca debería ser algo estático. La propia diversidad que implica su existencia hace que haya tensiones que la convierten en algo dinámico y englobado siempre en otras comunidades y campos de relación. Así una comunidad de vecinos pertenece a un barrio, que pertenece a una ciudad, que está dentro de una comunidad autónoma.

Esto lleva a entender que hay todo tipo de comunidades. Comunidades naturales, sociales, políticas, históricas, económicas, profesionales etc. Que uno, no sólo pertenece a una comunidad, sino a toda una red de significados (que crean las conexiones intercomunitarias ) que conforman la imagen personal.

¿Qué importancia tienen las comunidades?

La comunidad acaba siendo parte de la propia imagen, como una especie de pequeña fotografía que compone el puzzle de cuanto soy. Si la relación con las comunidades, si la relación de la propia diversidad con lo común, de la soledad con lo múltiple, de la individualidad con lo diverso se ve afectada, al romperse esa red la imagen personal se fragmenta en una suerte de miles de otras imágenes inconexas que me convierten en un individuo aislado.

Por otro lado las comunidades o lo comunitario empobrecen parte de la diversidad que las compone quedando claramente mermadas. En una palabra, pierden.

Ahora bien, si hablamos de comunidades, y más en una sociedad tan compleja como es la contemporánea en la que parte de esas comunidades son supra comunitarias, con el peligro que esto engloba de despersonalizar y desindividualizar para reagrupar por lo común obviando lo diverso, llegamos a la conclusión en ámbitos como el de la diversidad funcional, salud mental o exclusión social, de que es fácil, si no hay un sistema de vuelta y de re-conexión con la red de comunidades, quedar aislado en esos espacios generados para la rehabilitación y por tanto la dificultad de recuperación de la propia imagen relacional se entorpece enormemente.

¿Cómo evitar el aislamiento?

Quizá sea una responsabilidad compartida de los agentes comunitarios como la red socio sanitaria y sus profesionales, de los foros comunitarios naturales o comunidades de encuentro de otras comunidades como pueden ser los museos, la comunidad educativa (con una amplia responsabilidad en la formación social) o las empresas ir generando espacios que ayuden a regenerar ese tejido y reintegrar esa visión del sujeto múltiple y diverso que reconstruya la imagen perdida a la persona.

¿Qué importancia tiene el nombre?

Si el pensamiento se construye con ideas, que etimológicamente vienen de la forma griega de eidon (primera persona del presente del verbo ver), es fácil entender que nuestro pensamiento se construye con imágenes que devienen y derivan de palabras. Una vez se ha generado una idea, la misma nos vale para prejuzgar la realidad. Nos sirve para dejar de estar alerta y evidentemente, para ahorrar la realización de un proceso continuo y constante de constatación de dicha realidad.

Esto es bueno en muchos casos, sobre todo cuando facilita la vida. Pero se convierte en algo mucho más complejo cuando afecta a otros fuera de uno. Pues me ayuda a desproveerles de su diversidad permitiéndome encasillarlos por lo común. Si la fuerza del lenguaje ayuda a generar nuestras imágenes y si encima los nombres de esas casillas refuerzan ese sentido de exclusión y diferencia sin lo común, se genera una especie de calle cortada en la que se hace complejo dar marcha atrás una vez se entra.

¿Por qué los museos como comunidad?

Quizá el museo sea una de los lugares más interesantes, no por sus bienes muebles e inmuebles que lo dotan de existencia, sino por todo el mundo de conceptos y realidades que se mueven en torno a él y en él.

En ese aspecto, uno de sus valores principales es el de estar dotado de un aura de prestigio, vinculado al propio concepto de cultura, a la idea de arte considerado tesoro público de responsabilidad común.

Eso lo convierte en un foro natural por el que pasan un gran número de comunidades o públicos, un lugar que posee la doble concepción de ocio y aprendizaje y que en las últimas décadas se ha convertido en un recurso educativo de primer orden para la escuela, la universidad y las familias.

Es evidente su función como lugar de encuentro y como lugar de contemplación de artefactos visuales. Por tanto, generadores y custodios de formas de ver y de pensar.

Un museo, como el Thyssen, con una amplia colección dedicada a las vanguardias se convierte además en un lugar que plasma la lucha por la conciencia de la mirada múltiple, del pensamiento diverso de la construcción de ideas.

Si entendemos que lo que contemplamos nos pertenece, que somos un espejo que reconstruye un significado desde sus propias ideas, que leemos las imágenes externas desde nuestras propias imágenes internas, se hace fácil sumar todos esos elementos, y entender cómo el museo se puede convertir en un instrumento rehabilitador de primer orden para los profesionales sociosanitarios y los usuarios de esos servicios y recursos.

Rompiendo, con la asistencia al museo y la libertad a la hora de generar la lectura de esas imágenes, un ámbito clínico que en muchos casos no hace sino reforzar continuamente esa idea de calle sin conexión.

¿Cómo reforzar esas posibilidades?

Hay espacios que por su naturaleza de foros de encuentro tienen el poder de dar visibilidad, y, siendo los museos, lugares de visita deseada desde múltiples colectivos, la manera natural de revertir la visión negativa es la de convertir a quienes tradicionalmente han sido considerado receptores y demandantes de las acciones y servicios comunitarios, en generadores de esos servicios para el resto de la comunidad. Si eso va vinculado a un lugar con el aura de prestigio del museo, se comprende el carácter bidireccional de este como constructor de conceptos e ideas que contrapesan la visión excluyente.

Así, las comunidades implicadas pueden entender que la educación no es sólo escolar, sino que también es social, y que la comunidad tiene un papel de prioritario en la recuperación de su red y de su propia imagen identitaria, que es, al fin y al cabo, una de las funciones capitales del museo.

Reseña de las actas del I Congreso Internacional

Por Begona de la Riva, February 2, 2011 11:32 am

Actas / ponencias y comunicaciones: I Congreso Internacional

Javier Arnaldo (dir): Los Museos de la Educación. La formación de los educadores. Madrid, MuseoThyssen-Bornemisza, 2009. 486 págs., con ilustraciones.

Edición en español con apéndice en inglés.

Artículos de Elliot W. Eisner, Rainer K. Wick, Selma Holo, Amy Silva y otros.

El pasado mes de enero se presentaron las actas del I Congreso Internacional  Los Museos en la Educación. La formación de los educadores, celebrado durante los días 9,10 y 11 de abril de 2008 en el Museo Thyssen-Bornemisza. Al presentar esa publicación parecían cerrarse las jornadas que casi dos años antes habían reunido en Madrid a estudiantes y profesionales de todo el mundo para reflexionar y debatir sobre el tema propuesto. Aproximadamente 250 asistentes, procedentes de hasta 16 países distintos se congregaron en aquella ocasión. Las ponencias y comunicaciones reflejaban asimismo el sesgo internacional de ese foro que se propuso reflexionar desde diversas ópticas acerca de los retos relacionados con la formación de los educadores de museo y las habilidades que estos desarrollan como mediadores entre el museo y el visitante. Fue, a decir de los asistentes, un encuentro enormemente enriquecedor.

El libro, que  reordena los resultados del congreso en relación al programa con el que se convocó, se abre con la que sirvió de conferencia de clausura del encuentro, la lección magistral del  profesor de la Universidad de Standford  Elliot W. Eisner, bien conocido por sus muchos estudios de psicología del arte y su dedicación a las ciencias de la educación. En su artículo Eisner parte de esta idea fundamental: “La educación de los museos, por ejemplo, es un intento de utilizar las obras de arte para dar forma a la experiencia humana y así dar forma a la manera de sentir y de pesar de las personas. La satisfacción estética es una de los resultados de este esfuerzo”. Otorga así a los educadores de museos un papel decisivo para la consecución, por parte del visitante, de tal experiencia estética. Y es que Eisner habla del papel de mediador que el educador tiene, al ser el encargado de establecer un nexo entre museo y público. Esta responsabilidad va mucho más allá en el momento en el que considera que a través del arte puede cambiarse la percepción del mundo. De algún modo deposita en la profesionalidad del educador artístico la capacidad para hacer un mundo distinto, colocando la educación en los museos en una posición privilegiada.

A partir de esa definición del objeto central de estudio, el libro se articula en cuatro bloques temáticos:

-          Pedagogías artísticas – Historia del Arte, donde se habla de los orígenes y desarrollo de la pedagogía moderna y su estrecha relación con la historia de las vanguardias artísticas.

-          Desde fuera – Desde dentro, donde se analiza el rol de agente social que el educador adopta al mediar entre la obra de arte y una cada vez mayor diversidad de públicos.

-          La formación – La práctica, en cuyos artículos se analizan diversas medidas adoptadas tanto desde el mundo universitario como del museístico para afrontar la formación de los educadores.

-          Educación – Museología crítica, la sección final que contribuye a diferenciar experiencias con nuevos públicos en el ámbito de actuación de la educación museística.

La publicación goza en definitiva de un interés evidente no sólo para los profesionales del museo, sino también para todos los profesores y estudiosos interesados en la educación y la pedagogía artística. Sus casi 500 páginas, cuidadosamente editadas, recogen fielmente el espíritu de esta iniciativa del Área de Investigación y Extensión Educativa del Museo Thyssen Bornemisza. La publicación y su modelo, el congreso, fueron concebidos como lugares de encuentro y, sobre todo, de intercambio y comunicación constructiva, conceptos esenciales en el desarrollo de la labor diaria de los educadores de museos y que se vuelcan elocuentemente en los resultados que quedan ahora al alcance de los lectores en castellano y en inglés.

Un proyecto en común. Art Academy, Nintendo y EducaThyssen

Por Rufino Ferreras, December 15, 2010 5:46 pm

Imagen de la consola DS con el juego Art Academy

Imagen de la consola DS con el juego Art Academy

Muchos ya conoceréis el proyecto que hemos puesto en marcha estos meses junto a Nintendo. La propuesta vino de Nintendo España ya que buscaban un socio para testar el programa y explorar sus posibilidades en el Museo. Desde el Área de Inverstigación y Extensión Educativa, propusimos  evaluar sus posibilidades como herramienta educativa. Pronto descubrimos un buen número de posibles aplicaciones de Art Academy y de diferentes formas de integrar la consola y el programa en algunas de nuestras actividades, entre ellas se van a utilizar en los talleres de verano para niños y en los programas de educación social, concretamente en los que buscan la estimulación a través del arte de personas con deterioro cognitivo. Pero las posibilidades son muchas.

Hace unas semanas leí en un periódico una breve entrevista con Marck Prensky, se titulaba “No escuchamos a medio mundo: los menores de 25 años”. En ella, este experto en educación y aprendizaje lanzaba muchos mensajes relacionados con la educación, los jóvenes y las tecnologías. Entre ellos una reflexión que conpartimos desde el Museo: porqué seguir educando como se hacía hace cientos, miles de años, en una sociedad en las que las maneras de acceder al conocimiento, de transmitir la información, ha cambiado tan radicalmente.

Respecto a la experiencia con públicos, hemos constatado que su carácter adictivo, no solo contagia de ese interés a niños o jóvenes, sino que también ha interesado enormemente a personas adultas. Evidentemente no es la misma experiencia… pero, al fin y al cabo, ¿no ha cambiado enormemente las formas de producción artística en las últimas décadas? Ya no se hace solamente pintura de caballete, también se produce arte a través del vídeo, de la informática, etc.

Aún es muy pronto para evaluar el alcance de la experiencia. El proyecto nos ilusiona mucho porque es una forma distinta de acercarse a las obras de nuestras colecciones. Lo que proponemos es que el participante nos se enfrente a la obra desde un lugar de espectador tradicional, en el que lo interpretativo tiene que ver mucho con lo contemplativo y no con lo experiencial. Nuestra propuesta es que el participante parta de una de nuestras obras y la interprete, reinterprete o sirva de detonante creativo, pero siempre desde la experiencia de la creación.

Si quieres saber más sobre el proyecto, sigue el enlace.

Un museo para acercarse al conocimiento del arte

Por Elena Villaespesa, November 8, 2010 12:36 pm
Web de Educathyssen

Web de Educathyssen

Hace casi dos años que lanzamos la nueva versión de EducaThyssen. El objetivo de este proyecto como su nombre indica fue la creación de una web  en la que se pudiese acercar la colección del museo a través de cientos de nuevos recursos educativos. Pero también crear una plataforma social e interactiva para nuestros visitantes online o presenciales.

En esta web encontramos la información sobre las actividades educativas que se llevan a cabo en el museo y un repositorio de recursos didácticos en distintos formatos (video, juegos, imágenes, textos, interactivos…) basados en las obras más representativas de la colección del museo. Los nuevos contenidos están dirigidos a distintos niveles educativos y comprenden una amplia variedad de temas. Además hemos creado un canal de Accesibilidad donde se recogen los programas y recursos para públicos con necesidades especiales.

EducaThyssen está basada en la interacción y sociabilidad. Los contenidos pueden compartirse enviando un email o con un click en las principales redes sociales. Para alcanzar una mayor difusión hemos descentralizado el contenido incorporandolo a los distintos canales de EducaThyssen en distintas redes sociales como Facebook, Flickr, YouTube, GoogleMaps o Twitter. La página web incorpora una sección de registro para los usuarios que permite crear un espacio propio de trabajo seleccionando recursos educativos del repositorio. Además en el apartado un Museo Abierto os animamos a dejar vuestros comentarios y a votar en las encuestas sobre los contenidos del programa educativo.

En el proyecto han participado un gran número de personas y empresas colaboradoras, desde educadores, historiadores del arte hasta expertos en nuevas tecnologías y accesibilidad. Es momento de hacer balance e iremos publicando los resultados en futuras entradas en el blog pero también queremos conocer vuestros comentarios sobre recursos que hayáis utilizado para vuestra clase o para visitar el museo o sugerencias para mejorar la web.

Continúa la andadura de Estudio Joven

Por Alberto Gamoneda, October 22, 2009 9:36 pm
Participantes en Estudio Joven explorando el Museo

Participantes en Estudio Joven explorando el Museo

Estudio Joven nace a principios de 2009 como un Foro para jóvenes de 17 años en adelante que quieren participar en la vida del Museo Thyssen- Bornemisza y en sus programas educativos como algo más que simples espectadores. Este programa ofrece un espacio a jóvenes que han estado vinculados al Museo desde pequeños y a otros que se acercan por primera vez y quieren tener una presencia activa en él. El público de Estudio Joven son el presente y el futuro del Museo, y por tanto el Museo tiene el compromiso y la suerte de escucharlos y generar un espacio a la medida de sus necesidades.

Ese fue el punto de partida de la actividad durante el curso 2008-2009, el Museo nos pedía que lo observáramos, que reflexionáramos sobre las funciones que debe cumplir y el sentido de su existencia y, muy especialmente, que aportáramos nuestras ideas. El Museo se comprometía a su vez a poner en pié alguna de ellas, a recoger y difundir nuestra experiencia. Ahí comenzamos, pero siempre con la idea de ser lo que nosotros hiciéramos del programa. Primero decidimos conocer bien el espacio y sus públicos, pedimos conocer los lugares habitualmente no visibles pero que son imprescindibles en la existencia del mismo. Conocer a las personas que también son el museo. Así visitamos espacios como Restauración, las salas promocionales, las salas de maquinas o las azoteas. Hablamos con el personal de seguridad, con los conservadores y con la gente de Educación. Con vigilantes de sala y con la gente de Recursos Humanos. Nuestra visión de las colecciones cambió bastante, se amplió y tuvimos noción de toda esa parte invisible que permite que el Museo exista.

En paralelo hicimos todo un trabajo de reflexión sobre qué queríamos hacer y aportar a la vida del Museo. Surgieron propuestas de trabajo con el público como el desarrollo de recorridos, otras más interactivas como juegos para la web e incluso algunas más dinámicas como la ambientación histórica de los cuadros a través de la gente que normalmente pasa desapercibida como los vigilantes de sala.

Trabajamos en la Red de Públicos del museo como apoyo a la integración de otros colectivos y participamos en un taller de animación con la editorial OQO con la que esperamos seguir colaborando. Realizamos fotos del Museo y sus visitantes, proyectamos la realización de un corto sobre cómo ven los cuadros a los espectadores, hicimos la presentación de nuestros trabajos y nos faltó tiempo. Por eso este año continuamos con todo lo que comenzamos el curso pasado y todo lo nuevo que se nos pueda ocurrir.

Hay gente como Fátima o Javier que se nos han ido al extranjero, pero seguimos en contacto. Son nuestros corresponsales en Europa y América. Ellos nos van a informar de cuanto sucede por ahí fuera y nos traerán ideas frescas. Ángeles tampoco estará con nosotros, ella será nuestra artista corresponsal en nuestra página de Facebook. Seguimos con Pablo, María Olmo, María Chaves, Marta Escribano y María. A Nico le perdimos la pista, pero aun esperamos que vuelva. Nelly, que se incorpora y Alberto, que continua, serán la presencia del Museo con nosotros. Rufino nos va a seguir echando una mano con todo lo técnico y con sus ideas y, cómo no, también todo el equipo de EducaThyssen.

No sabemos quién se animará a ampliar el club, pero también los esperamos, a ellos y a todo lo que nos traigan.

Panorama: Tema de WordPrees desarrollado por Themocracy